Campaña contra la oruga procesionaria en pinares de la Comunidad de Madrid
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Escrito por Javier
La Comunidad de Madrid activa una campaña preventiva contra la oruga procesionaria, con trampas, cajas nido y bioinsecticidas ecológicos para proteger la salud pública y el equilibrio del ecosistema.
La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una campaña integral para controlar de forma preventiva la presencia de la oruga procesionaria del pino en más de 65.000 hectáreas forestales de la región. Esta acción se ejecutará de forma escalonada durante los próximos meses, combinando métodos biológicos, tecnología preventiva y actuaciones localizadas, con el doble objetivo de preservar la salud de las personas y animales en zonas de tránsito frecuente, y mantener un equilibrio sostenible en los pinares afectados.
Aunque la procesionaria no representa una amenaza directa para la masa forestal, su presencia sí puede generar problemas sanitarios: sus pelos urticantes (tricomas) son altamente alérgenos y pueden afectar a la piel, los ojos o las vías respiratorias tanto en humanos como en animales domésticos. Por ello, el plan autonómico prioriza la intervención en espacios sensibles, sin alterar el valor ecológico del insecto dentro del ecosistema ibérico.
Entre febrero y marzo, el Cuerpo de Agentes Forestales llevó a cabo un muestreo técnico en 568 rodales de pinar y realizó un seguimiento específico en 14 puntos estratégicos. Gracias a estos estudios fenológicos se han podido anticipar las fases reproductivas de la procesionaria y establecer un calendario de intervenciones ajustado a los ciclos biológicos del insecto.
Las áreas críticas detectadas corresponden a masas de Pinus pinaster, principalmente al pie de monte de la Sierra de Guadarrama, y Pinus halepensis, en zonas del este y sureste madrileño. La combinación de datos ambientales y solicitudes remitidas por los ayuntamientos ha permitido priorizar lugares y momentos de actuación según el nivel de infestación y la exposición al público.
El plan del Ejecutivo regional se estructura en varias fases temporales y aplica soluciones diferenciadas según la época del año y el comportamiento biológico del insecto:
- Verano (julio-agosto): instalación de 1.200 trampas de feromonas para capturar a los machos durante el vuelo nupcial, especialmente en zonas de baja infestación, para interrumpir el ciclo reproductivo.
- Otoño (septiembre-octubre): colocación de 300 cajas nido para favorecer la presencia de aves insectívoras y murciélagos, depredadores naturales de orugas y mariposas nocturnas.
- Finales de otoño (octubre-noviembre): aplicación de bioinsecticidas ecológicos como Bacillus thuringiensis var. kurstaki, autorizado en agricultura ecológica y clasificado como AAA en impacto ambiental, que actúa de forma selectiva sobre los lepidópteros sin dañar a otras especies.
- Invierno (diciembre-enero): instalación de trampas de anillo en áreas recreativas con alto tránsito, como parques o zonas urbanas con arbolado disperso, para impedir que las orugas desciendan en formación de procesión, uno de los momentos de mayor riesgo para la salud humana y animal.
Desde la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior se subraya que esta actuación no pretende erradicar la especie, sino mantener su población en niveles ambientalmente aceptables. La oruga procesionaria forma parte del ecosistema mediterráneo y su expansión está vinculada a condiciones climáticas favorables, con picos cíclicos que provocan defoliaciones invernales de las que los árboles suelen recuperarse de forma natural en primavera.
El enfoque técnico del plan regional integra principios de sostenibilidad, prevención y gestión ecológica, evitando el uso de insecticidas químicos agresivos y priorizando la acción biológica y la participación de especies autóctonas en el control natural de plagas.
Como parte de su política de transparencia, la Comunidad de Madrid publica anualmente los mapas de afectación por procesionaria en su página web oficial, donde se detallan los índices de presencia en los principales pinares de la región. Esta información es clave tanto para ayuntamientos como para vecinos, senderistas o usuarios de espacios naturales, que pueden planificar sus actividades con mayor seguridad.
