Ecos, exposición de Virginie Molina en Colmenar Viejo
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Escrito por Javier
Hasta el 3 de marzo podrá verse en el Vestíbulo una exposición de fotografías en blanco y negro que sugieren la resonancia de nuestras experiencias, emociones y vivencias.

Las fotografías expuestas sugieren la resonancia de nuestras experiencias, emociones y vivencias, reflejadas en la corporeidad del ser humano. Cada retrato es un eco de historias pasadas, de momentos que reverberan en el tiempo, y que invitan al espectador a encontrar su propia conexión con la imagen.
Los retratos e historias en esta colección nos confrontan con la mirada del otro, ofreciendo un vistazo a su mundo interior. Las expresiones, las arrugas, la luz que juega en los rasgos del rostro nos cuentan historias que van más allá de lo visual. A través de ellos, buscamos conectar con algo más profundo, una empatía que trasciende el tiempo y el espacio. A todo esto se le suma la sutileza del ‘polvo de diamante’, que añade un punto de distinción y novedad, y sus grandes formatos. Cada imagen juega con la idea de cómo nos percibimos y cómo somos percibidos, desafiando las normas y estigmas que, a menudo, limitan nuestra comprensión del cuerpo y su estética.
La muestra está formada por cinco obras de arte: fotografías digitales en blanco y negro (de gran tamaño: 140×200 cm, y enmarcadas con marco negro de aluminio), impresas sobre tela de lienzo 300 g con técnica serigráfica tirada a mano y polvo de diamante.

Virginie Molina
Virginie Molina nació en Madrid, un lugar vibrante que siempre la rodeó de arte y cultura. Desde su infancia, mostró una inclinación natural hacia la creatividad, creando obras con las herramientas más simples que encontraban a su alrededor. Siendo muy pequeña buscaba lápices de colores, folios y chinchetas, y decoraba las paredes de su habitación como si fuera una exposición e invitaba a sus familiares y vecinas a pasar y contemplarla. Inventaba poemas que, al no saber aún escribir, le pedía a su hermano que lo hiciera por ella.
A medida que crecía, sus pasiones no se diversificaron mucho y se adentró en el fascinante mundo del arte flamenco (patrimonio cultural), sin olvidar sus dibujos a carboncillo (otro de sus medios de expresión favoritos y culpable de que sus fotografías sean en blanco y negro), y, como no, ‘la fotografía’, gracias a la cámara de carrete que había en casa.
En una observadora aguda de la vida cotidiana y de los pequeños detalles, texturas y sombras que, a menudo, pasan desapercibidos. Su estilo fotográfico es una mezcla de realismo y enjundia, capturando la esencia de sus sujetos con una sensibilidad que refleja su propia visión bohemia del mundo.
Su técnica es autodidacta, lo que le ha permitido desarrollar un estilo único y personal, que desafía las convenciones.
La artista también ha explorado otras disciplinas artísticas, como el collage y la escultura, siempre buscando la forma de materializar sus pensamientos y emociones en diversas superficies. Su vida artística la ha llevado a conectarse con otros artistas y crear un espacio donde se fomenta la creatividad y el intercambio de ideas.
A lo largo de su trayectoria, ha realizado exposiciones tanto individuales como colectivas en espacios alternativos de Madrid, donde ha compartido su obra con el público. Su enfoque contemporáneo y su visión personal han resonado en un público diverso, convirtiéndola en una figura apreciada en la comunidad artística de la capital.
Virginie Molina sigue explorando, creando y soñando, convencida de que el arte es un lenguaje universal capaz de trascender barreras y conectar a las personas a un nivel profundo. Su viaje artístico es un reflejo de su vida: rica en experiencias, conexiones y una búsqueda constante de la belleza en lo cotidiano.
La exposición podrá verse en el Vestíbulo del 4 de febrero al 3 de marzo.












