Exposición en Alcobendas desvela la faceta poética de Chillida en su centenario
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Escrito por Javier
- Solo hasta el 4 de mayo.
- El Centro de Arte Alcobendas celebra el centenario de Eduardo Chillida con una exposición única. La muestra explora la profunda conexión del escultor con la poesía a través de obras íntimas y libros de artista, revelando una dimensión esencial de su creación.

Últimos días de esta exposición que, en el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento de Eduardo Chillida, uno de los escultores españoles más universales del siglo XX, el Centro de Arte Alcobendas presenta una cuidada selección de su obra. Esta exposición se aleja de las retrospectivas convencionales para sumergirse en un aspecto fundamental pero quizás menos explorado de su trabajo: la tensión constante y fructífera entre la poesía y la construcción que sostuvo toda su trayectoria artística.
El paradigma poético: la tensión creadora en Chillida
La poesía no fue un mero interés accesorio para Chillida, sino un esquema de pensamiento y acción, un marco conceptual desde el cual abordaba su discurso plástico. Su obra está imbuida de paradojas visuales y conceptuales: el diálogo entre la levedad y el peso abrumador, la elocuencia del hueco frente al vacío, la confrontación entre materia y espacio, o el juego de contrastes entre el negro y el blanco. Una de las tensiones más reveladoras, que esta muestra ilumina, es su relación con la palabra escrita. Resulta fascinante cómo un artista cuya escultura es eminentemente no discursiva, alejada de la narrativa explícita, mantuvo siempre una profunda seducción por el universo literario, y muy en particular, por el lenguaje poético.
Diálogo entre escultura y palabra: los libros de artista
La exposición profundiza en la faceta de Chillida más cercana a los poetas, estableciendo un diálogo íntimo entre esculturas de pequeño formato y una selecta colección de libros de artista. Estas piezas editoriales, donde la obra plástica acompaña versos de figuras como Jorge Guillén, Charles Racine, José Ángel Valente, Edmond Jabès, Emil Cioran o Parménides, evidencian sus afinidades electivas. Revelan una preferencia por una poética del silencio, sutilmente filosófica, y su particular visión de la ilustración.
Ilustraciones como acompañamiento musical
Para Chillida, ilustrar no era simplemente representar visualmente un texto. Concebía sus intervenciones en los libros como un «acompañamiento musical», una resonancia plástica que dialogaba con los versos sin subordinarse a ellos, creando un contrapunto entre la palabra y la forma.
Un viaje a través de formatos íntimos y materiales diversos
Siguiendo el hilo conductor de lo poético, la muestra ofrece un recorrido que abarca desde sus pioneras esculturas en hierro de la década de 1950 hasta sus últimos trabajos en alabastro. El itinerario incluye también piezas emblemáticas como sus gravitaciones (relieves en papel suspendidos), lurrak(tierras cocidas) y delicadas porcelanas. Se pone un foco especial en la exploración de formatos reducidos, que permiten una aproximación más cercana y personal a su proceso creativo.
La exposición reserva también espacio para un Chillida quizás inesperado para muchos: aquel que mantiene un interés subterráneo, casi secreto, por la figuración y la representación del cuerpo humano, un aspecto menos conocido frente a su potente abstracción.
Redescubriendo a Chillida: más allá de lo monumental
En su conjunto, esta antología cuidadosamente seleccionada propone una relectura de la obra de Eduardo Chillida. Nos presenta a un artista más íntimo, alejado de la escala monumental que a menudo se asocia con su nombre. Es un Chillida concreto en su materialidad pero derivativo en sus resonancias poéticas y filosóficas. La exposición aspira no solo a acercar su legado a nuevos públicos, sino también a ofrecer un reencuentro enriquecedor para aquellos ya familiarizados con su lenguaje escultórico, revelando las profundas raíces poéticas que nutren su inconfundible universo formal.











