Javier Juárez | Año nuevo, actitudes políticas nuevas
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Escrito por Javier

Estar en 2022 significa que el siglo va ya avanzado y que, a estas alturas, muchos conceptos y actitudes se quedaron ancladas en el pasado. O deberían haberlo hecho.
La estrechez de miras es una de ellas. La rigidez mental, otra.
Y del ejercicio persistente de ambas nada bueno se puede esperar.
Lo sano y lo que esperan los tricantinos, -que son muy inteligentes y pragmáticos,- de sus representantes políticos, que para eso los eligen, es estar al día, renovarse antes de morir de ostracismo ideológico.
Existe algo que también es muy sano practicar. Y es la transversalidad.
Ya no hay cosas de derechas y cosas de izquierdas. Nadie espera que las siglas del partido que gobierna la ciudad, por mandato de la mayoría de los vecinos, condicione que se hagan unas cosas y dejen de hacerse otras igual de importantes o más, porque “eso es de izquierdas/derechas”.
Preocuparse por las personas, por ejemplo, por todas, pero muy especialmente por las que más lo necesitan, por los mayores, por los jóvenes, por los parados…no es de un lado o de otro. Es de decencia y de dignidad política.
Gestionar con prudencia -pero con eficiencia- el dinero de los vecinos, haciendo que vuelva a ellos en forma de inversiones, equipamientos urbanos, cultura, educación, deporte, etc., no es de un color o de otro. Es de sentido común.
Mantener la presión fiscal cuando encima las circunstancias vienen mal dadas, cuando cada euro que entra en casa obliga a hacer equilibrios para que no salga antes de tiempo y sin remedio, no es de conservadores o progresistas. Es de administradores públicos sensatos y coherentes.
Sin ir muy lejos de nuestro municipio podemos ver ejemplos de lo uno y de lo otro. Gobernantes locales que son capaces de poner por delante sus intereses y sus ideas de manera sectaria, doblando algunos impuestos y aumentando otros solo porque no son capaces de gestionar bien lo que tienen entre manos. Y otros que, ignorando el qué dirán -una oposición que hace círculos alrededor mostrando la aleta y los dientes afilados-, son capaces de poner por delante los intereses de los administrados. Cediendo si es necesario, pagando peajes políticos, aguantando el chaparrón y el dedo que les señalará por no enrocarse en supuestos irrenunciables. Pero sacando adelante presupuestos que servirán para hacer mejor la vida de los madrileños.
Ser transversal significa ponerse en los zapatos de un vecino y caminar con ellos. Asumir que no todo el mundo vive de la misma forma, ni piensa igual, ni siente, ni ama, ni disfruta ni padece con las mismas cosas.
Todo el mundo espera que quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernar un municipio, sean capaces de poner a sus vecinos por delante de todo lo demás.
Congelar impuestos, construir centros públicos de excelencia educativa, mejorar la accesibilidad y reformar lo obsoleto y lo estropeado, instalar equipamientos para que los niños jueguen, diseñar zonas deportivas y recreativas para las familias, los mayores, los deportistas profesionales y los aficionados, procurar el bienestar de los que lo pasan mal, trabajar por la inclusión total, acompañar al que sufre y procurarle ayuda profesional, mantener limpias, verdes y sostenibles las calles, los parques y el entorno natural, atraer la inversión y el talento externo y fomentar el interno, promover la enseñanza de las artes y las ciencias a todas las edades, garantizar una convivencia segura y agradable…
Todas esas cosas son transversales. Y esa transversalidad seguirá marcando, también en 2022, nuestra agenda de gobierno local.











