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Los beneficios del autocuidado

  • 12 de diciembre de 2023 –
    Opinión de Tres Cantos

Por Roma Guardiola | Asociación de Mujeres de Tres Cantos ‘Creciendo Juntas’

No es ningún secreto, que en un mundo cada vez más acelerado y exigente es necesario disponer de todas las herramientas posibles para sobrevivir. Puede que creamos que ya no necesitamos huir de depredadores, pero la realidad es que siguen existiendo, aunque hayan cambiado de forma. Ahora se camuflan tras las máscaras de cientos de obligaciones, que van más allá de la búsqueda de comida y techo. Todas ellas, las que nos imponemos nosotros mismos y las que nos exigen los demás, se convierten con el paso del tiempo en ladrones de energía, que repercuten en nuestra salud física y mental. 

De niña soñaba con ser escritora. Dedicaba horas a crear historias sobre dragones terroríficos y princesas valientes. También aparecía algún que otro príncipe, batallas épicas y amigos que eran para siempre. Continué plasmando todo aquello que pasaba por mi imaginación hasta que, con la edad, llegaron esas obligaciones, que me tocó asumir. 

No diré que me arrepiento de ser esposa, madre e hija, todo lo contrario. Mi matrimonio me ha brindado la oportunidad de conocerme en profundidad. Mis hijos son la fuente de un amor inagotable y la presencia de mi padre en mi vida me ha ofrecido la ocasión de cultivar la paciencia y la empatía por una generación, que hacía las cosas “de otra manera”. 

Llegó un momento en el que me di cuenta de que había dejado de soñar. 

¿Cuándo se produce la ruptura entre nuestros anhelos y obligaciones? ¿Cuándo dejamos de ser capaces de compaginar ambas facetas sin tener que sacrificar ninguna? 

Un día me percaté de que las historias, ideas y colores habían abandonado mi ser. En su lugar quedaba un espacio vacío y hambriento.

Retomé la escritura, no como una ambición, sino como una necesidad de expresión, una forma de mantenerme cuerda en este mar embravecido que es la vida. 

Mi camino se cruzó hace poco con el de la Asociación de Mujeres de Tres Cantos, Creciendo Juntas, y comprendí que este viaje existencial no solo me afectaba a mí, sino que un sinfín de mujeres (y hombres también, por supuesto) se encontraban inmersos en ese océano en el que nadamos a veces con soltura y, otras, a contracorriente. 

Todas ellas muestran interés en multitud de aficiones: desde el ganchillo hasta la meditación. Desde la marcha nórdica hasta el teatro. Y todas ellas han logrado detenerse y dejarse mecer mientras miran el cielo. Se toman unas horas a la semana para dedicarlos a lo que más aman en la mejor compañía posible, la de otras peregrinas en busca de la tan ansiada paz. 

Y en medio de ese mar en calma se permiten dejar volar su imaginación, conectarse con algo mucho más grande que ellas.

Si te haces una única pregunta y si te atreves a escuchar la respuesta, es posible que redescubras esa versión de ti que dejaste aparcada por un centenar de motivos. Tal vez te devuelva el reflejo un rostro desconocido, que mereces explorar.

Ponte cómoda en casa o da un paseo por el parque. Busca una oportunidad de estar en calma y hazte la pregunta que puede darte la llave a una vida más plena y satisfactoria. Y tú, ¿con qué sueñas?


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