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Ni uno menos

Cada 11 minutos, en el mundo, mueren una mujer o una niña asesinadas por un familiar, habitualmente el marido, novio o padre. Y una de cada tres mujeres se ve afectada por algún tipo de violencia de género en algún momento de su vida. Una de cada tres.

La estadística la ofrece Naciones Unidas y es, sin medias tintas, espeluznante.

El 25 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y nos recuerda a todos, empezando por quienes tenemos responsabilidades políticas, que debemos tener este asunto en agenda, sobre nuestras mesas de trabajo. Es importante recordarlo para poner en marcha servicios, estrategias de prevención y herramientas legales. 

Pero es tan trascendente que no podemos hacerlo mal, como ha ocurrido con una ley que terminó reduciendo condenas y excarcelando antes de tiempo a condenados por ser verdugos, cuando debería haber servido únicamente para ampliar la protección legal de las víctimas. Y todo ello, con los promotores de esa ley defectuosa apropiándose de una autoridad moral que nos corresponde a todos, no sólo a ellos.

Movimientos sociales de impacto global, como #MeToo (Yo también) o #NiUnaMenos nos han demostrado que no podemos mirar para otro lado. Nos implica a todos.

En esta era hiperconectada que vivimos, hay que querer no saber para ignorar la realidad. Y salvo en rincones muy aislados del planeta, o condicionados por un integrismo radical, negar la evidencia sólo sirve a quienes tienen algún interés oscuro en ponerse una venda en los ojos y en las mentes.

Con la violencia machista ocurre como con los efectos del cambio climático. Por poder, pueden negarse. Se pueden inventar falacias, culpar a científicos malvados o, en este caso, a una parte de la sociedad que, según ellos, criminaliza a todos los hombres. Los negacionistas son diestros creando fake news (noticias falsas) y difundiendo bulos. Todo vale con tal de vivir en un mundo paralelo que contradiga la realidad.

Y eso que la realidad es espeluznante.

Tenemos que actuar para terminar con esta lacra que no es digna de un mundo civilizado y socialmente evolucionado. Todos estamos de acuerdo en eso. ¿Todos? Esta es la cuestión.

En el pleno municipal del pasado mes de octubre, se aprobó una moción para tomar medidas como instalar Puntos Violeta en eventos de alta concentración de personas, poner en marcha campañas de sensibilización o leer un manifiesto conjunto que deje clara la adhesión incondicional de los grupos municipales a esta causa justa. ¿De todos?

Lamentablemente, no. Y para que las mujeres estén a salvo, tenemos que estar todos, ni uno menos.


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