Tiempo para escuchar, tiempo para pensar
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Escrito por Javier

Vivimos un poco acelerados, inmersos en este runrún continuo de dimes y diretes, de correveidiles y puesandaquetús, parece que buscando más la confrontación por la confrontación que movidos por el interés general, la gresca política en lugar de aprovechar el beneficio enriquecedor de la moderación y una convivencia reflexiva y constructiva.
Claro que para alcanzar esa atrevida utopía hace falta valor. El de abrir los ojos y las orejas y los pensamientos a lo que nos viene de fuera. Ir más allá de los límites de la autocomplacencia y llegar hasta lo que piensan, quieren, proponen, los demás.
Hace falta tiempo también, pero podemos encontrarlo si queremos hacerlo.
Uno puede escudarse siempre en la actividad frenética para justificar falta de tiempo, no tengo ni un minuto para nada. Y lo cierto es que un minuto se encuentra sin rebuscar.
El tiempo no debería ser un lujo.
Mucho menos el tiempo necesario para mejorar y hacer cosas mejores para todos.
Acabo de comprobarlo en estos días, en mitad de la vorágine de lo cotidiano. He sido consciente de que el verdadero lujo es compartir el tiempo de los demás. Escucharlos, tomar nota de sus propuestas. Comprobar que las ideas se enriquecen cuando se juntan con otras ideas. Que lo que en la cabeza de uno parece una futilidad, al sumarse a lo que piensan otros se convierte en una fortaleza.
Recibir a los vecinos y escuchar sus demandas, sus propuestas, sus reclamaciones, te pone los pies en el suelo y te centra en lo importante. Si además reúnes a un grupo numeroso de tricantinos y les invitas a proponer ideas para mejorar para Tres Cantos, comprometiéndote a hacerlas tuyas, a llevarlas a cabo en lo posible, sin que importe a quién votará quien lo está proponiendo, entonces comprendes que tal vez todos los políticos deberíamos empezar la casa común por esos cimientos, para que sea sólida y eficiente.
Hemos tenido tiempo para demostrar de qué éramos capaces. Y hemos tenido tiempo, cuatro años, para convencer a los vecinos -si no, tampoco lo haremos en cuatro días- de que eligieron bien confiando en que cumpliríamos nuestros compromisos contra viento y marea.
Es ahora tiempo para escuchar. Incluso si lo que se nos dice no nos conviene. Siempre se puede ser sabio y rectificar.
Es ahora el tiempo para pensar en cómo hacer que todas las ideas, las nuestras y las de otros, sirvan para diseñar el mejor plan, el programa más útil, la ruta más segura para conducir -con la confianza renovada de los vecinos- Tres Cantos hacia un futuro mejor. Lo tenemos a la vuelta de la esquina.
Después vendrá otro tiempo nuevo: el tiempo para actuar. Y por supuesto, seguir escuchando.











