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España superpoblada versus España despoblada por Fernando Jauregui

  • 13 de febrero de 2024 –
    Opinión de Tres Cantos

El Cambio, para bien y para mal, se llama Tres Cantos, o Alcobendas. O, claro, Soria…

Fernando Jáuregui

 

La opinión de Fernando Jauregui

Vivimos tiempos en los que todo está cambiando tan rápidamente que no nos da tiempo a aprehender (ni a aprender) cuanto ocurre, vertiginosamente, a nuestro alrededor. ¿Viviremos hasta los 130 años, y cómo?. ¿Nos operarán robots?. ¿Adiós al carnet de conducir, porque los vehículos no tendrán conductor?. Y mis estudios de Derecho, ¿para qué sirven ya, cuando todo el delito se produce en áreas de Internet, carentes de legislación?. ¿Tendremos una segunda residencia en Marte?. ¿Comeremos más insectos que chuletones?. Son preguntas pertinentes, para nada de un futurismo quimérico, que están muy presentes en los estudios prospectivos de los gobiernos más conscientes de que hay un futuro por ocupar. La próxima década tendrá muy poco que ver con lo que conocemos hasta ahora.

Por tanto, hay que segmentar de qué queremos hablar cuando hablamos de los cambios: pretender abarcarlo todo da para muchos volúmenes. Yo quisiera centrarme, en este trabajo, que dará lugar a un libro de próxima aparición, en la España que empieza a superpoblarse frente a la España que se vacía irremediablemente. De lo segundo tenemos muchos ejemplos bien conocidos; de lo primero, he escogido, como tricantino que soy, los ejemplos de Alcobendas, Colmenar y Tres Cantos. Tres municipios en vertiginosa expansión, en los que acaso el crecimiento urbanístico está resultando bastante descontrolado, forzado por el desarrollo empresarial.

Hoy, las tres ciudades de la Comunidad madrileña son ejemplos, básicamente para lo bueno, pero también para lo malo en algunos aspectos, de un ‘boom’ de empresas sobre todo tecnológicas, impulsadas desde ‘bio0incubadoras’, aunque no solo. Tres Cantos empieza a ser conocida como una ‘segunda ciudad de la imagen’  (Netflix, Secuoya), con una Universidad puntera (Planeta) y docenas de empresas de vanguardia tecnológica. Alcobendas alberga la mayor cantidad de sedes sociales de España si exceptuamos las principales capitales autonómicas. Y La pujanza comercial de Colmenar es, simplemente, algo evidente. Tres ciudades ricas, en las que no existe la miseria ni las carencias de la relativamente vecina España que va perdiendo alarmantemente a su población.

Uno de los esfuerzos que todo Gobierno habrá de realizar, en estas condiciones, es proceder a un cierto reequilibrio entre las urbes que se saturan y que ya no cubren sus necesidades de infraestructuras (como la comunicación por carretera con Madrid) y las que se vacían; entre las que se rejuvenecen constantemente y las que envejecen; entre las que ofrecen enormes posibilidades educativas y las que apenas cubren sus necesidades de profesorado, entre otras cosas porque se van los alumnos. He intentado preguntar al responsable de prospectiva del Gobierno, con sede en La Moncloa, acerca de cuáles son los planes del Ejecutivo al respecto y la respuesta que he recibido ha sido…que vuelva a intentarlo después del verano.

Pienso que la España que despierta a la acción de una sociedad civil efectiva tiene el derecho, y el deber, de mediar en una cuestión que no parece ocupar las preocupaciones prioritarias de un Gobierno patentemente absorto en otras cuestiones, en su propia supervivencia entre otras cosas. Creo que se hace urgente que la Federación de Municipios y Provincias, últimamente tan poco activa (o esa impresión da) elabore un plan al respecto, de la misma manera que son imprescindibles una comisión interministerial que aborde el tema desde todos sus ángulos y una reunión ‘operativa’ de la Conferencia de Presidentes Autonómicos. Nada se avanzará mientras la dialéctica política en la Comunidad de Madrid, que me sirve como ejemplo para este escrito, consista en un enfrentamiento entre la Presidencia de la CAM, a la que beneficia electoralmente su belicosidad, y el Gobierno central, encantado, parece, con su guerra personal con el equipo de Isabel Díaz Ayuso.

Sí, el Cambio, para bien y para mal, se llama Tres Cantos, Alcobendas, Colmenar; pero, por el otro lado, se llama Soria, o Palencia, o tantos pueblos que se van quedando, o se han quedado, vacíos. Son muchas las cosas que se pueden hacer sin renunciar a un crecimiento ordenado, y hay que ponerlas en marcha. Perder la Legislatura en confrontaciones innecesarias  empieza a ser un dislate insostenible e intolerable.

Fernando Jauregui

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