Guía de Greenpeace ante las olas de calor en los municipios de España
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Escrito por Ana García
Expertos detallan medidas individuales y municipales para proteger la salud frente a las olas de calor en España, destacando la creación de refugios climáticos y zonas verdes.
España registra un aumento de eventos meteorológicos extremos. Las olas de calor exigen adaptar los municipios de España mediante estrategias urbanísticas y hábitos personales para reducir la mortalidad estival. La radiación solar se acumula en el asfalto y el hormigón, liberándose por la noche y provocando noches tropicales o tórridas. Esta situación impide el descanso y genera una espiral de calor peligrosa para la salud física y mental.
Greenpeace ha lanzado una guía que detalla estrategias individuales para mitigar el impacto de las altas temperaturas y plantea acciones urbanísticas exigibles a los consistorios para adaptar el entorno local al cambio climático. El documento recopila protocolos de protección personal frente al calor extremo y enumera medidas estructurales que la ciudadanía puede demandar a los ayuntamientos para transformar los espacios públicos. La guía expone hábitos cotidianos para afrontar las altas temperaturas y propone exigencias municipales orientadas a construir ciudades más resilientes.
El impacto de la isla de calor urbana
En Europa, más del 4% de la mortalidad estival en ciudades se atribuye a este fenómeno. La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de media hectárea de espacio verde por habitante. Actualmente, más del sesenta por ciento de la población europea carece de acceso suficiente a estas zonas. La vegetación transpira, refresca el ambiente, limpia el aire de contaminantes y reduce la contaminación acústica. Además, los espacios verdes alrededor de escuelas disminuyen el ruido y la agresividad en los escolares.
Grupos de población más vulnerables
Ciertos perfiles presentan mayor riesgo ante las altas temperaturas. La vulnerabilidad aumenta cuando se superponen factores como la edad, la renta baja o la discapacidad. Los colectivos más expuestos incluyen a mayores de sesenta y cinco años, especialmente mujeres de más de setenta y cinco, mujeres embarazadas y menores de cinco años. También se encuentran en riesgo personas con enfermedades cardiorrespiratorias, renales o neurodegenerativas, trabajadores al aire libre y quienes habitan viviendas mal aisladas.
Hábitos en el hogar y protección individual
Mantener la vivienda fresca requiere acciones sencillas. Bajar persianas antes de que incida el sol conserva el frescor matinal. La ventilación cruzada permite renovar el aire cuando baja la temperatura exterior. Un buen aislamiento en fachadas y tejados reduce hasta un cincuenta por ciento la necesidad de climatización. El aire acondicionado debe usarse a veinticuatro grados como recurso complementario. A nivel individual, conviene hidratarse constantemente, evitar la calle en las horas centrales, vestir ropa clara y ligera, y darse duchas cortas.
Medidas municipales y refugios climáticos
Los ayuntamientos deben transformar el entorno para mitigar estos efectos. Se requiere aumentar la cobertura vegetal, instalar pérgolas o toldos en calles peatonales y garantizar fuentes públicas operativas. Los refugios climáticos son espacios interiores o exteriores que mantienen una temperatura de veintisiete grados. Para ser efectivos, deben permanecer abiertos en las horas de mayor calor, ser accesibles, gratuitos, cercanos a zonas vulnerables y ofrecer agua gratuita y áreas de descanso. Los ciudadanos pueden exigir a sus consistorios la rehabilitación de edificios, la adaptación de centros públicos y la creación de planes de sombra.
Protección animal durante el calor extremo
Las mascotas y la fauna silvestre también sufren las altas temperaturas. Para los pájaros, se recomienda colocar bebederos de barro en la sombra. Las mascotas requieren paseos en horas de menor calor, agua fresca constante y cepillados frecuentes para aligerar su pelaje. Es vital proteger sus almohadillas del asfalto caliente y evitar la exposición solar directa en animales de pelaje claro o fino para prevenir quemaduras.